Estuvo en riesgo por el duelo de egos y posiciones encontradas entre el Gobernador Civil y el Religioso
Por Beto Abe Camil
Muchas virtudes pueden distinguir a lo largo de su historia a los hombres que han formado y forman parte como eclesiásticos de la Diócesis de Cuernavaca, sin embargo el cuidado y preservación de su patrimonio histórico y cultural próximo a cumplir 500 años, desafortunadamente no forma parte de esas virtudes.
Salvo algunas honrosas excepciones como Francisco Plancarte y Navarrete y Alfonso Cortés Contreras, II y X Obispos respectivamente y otros discretos párrocos, los prelados no han estado a la altura de la tutela y custodia de un patrimonio de Arte Sacro y Monumental que ocupa uno de los sitios más preponderantes en la historia, la cultura y el arte en México.
En muchos de sus casos, es incluso por clasificación de la UNESCO, Patrimonio de la Humanidad. Un sinfín de lamentables ejemplos a lo largo y ancho del territorio de la Diócesis, dan cuenta de ello, esto sin contar con los embates del tiempo y la naturaleza como lo fue el 19 de Septiembre.
De mayo de este año a la fecha, los Morelenses hemos compartido por unanimidad y de manera genuina, el júbilo por la Inauguración del Museo de Arte Sacro de la Catedral de Cuernavaca. A todos nos llena de orgullo, esta pequeña gran joya que exhibe 92 piezas pero que por el valor y calidad de su proyecto y la riqueza de su acervo es uno de los museos virreinales más importantes de México.
Este proyecto ha sido la culminación de un esfuerzo de muchos a lo largo de un cuarto de siglo, pudo haber sido concluido hace cuatro o cinco años, sin embargo fue también una de las víctimas colaterales de la Guerra Gobernador-Obispo, tanto así que su propia consecución estuvo en riesgo por el duelo de egos y posiciones encontradas entre el Gobernador Civil y el Religioso.
Sin embargo, como si 25 años de batallas no hubieran sido suficientes, ahora el magno museo que esta ya formalmente bajo la administración de la Diócesis de Cuernavaca está ante un grave Peligro.
Aunado a lo anterior, El Obispado por alguna extraña razón se niega a cumplir un acto de elemental justicia al resistirse a imponer al recinto, el nombre de uno de los historiadores y arqueólogos más destacados con que ha contado el clero mexicano en su existencia como lo fue Plancarte y Navarrete, II Obispo de Cuernavaca y creador del primer museo que hubo en territorio morelense.
El grave Peligro estriba, en que la Diócesis, que por cierto no aportó un solo centavo para el proyecto y construcción del mencionado museo, no ha presentado un programa de trabajo y operación del mismo, así como tampoco ha designado a un perfil idóneo o avalado por el INAH como Director del mismo, los rumores apuntan a que se pondrá al frente a una señorita que como experiencia previa, cuenta con haber trabajado en el “Papalote” Museo del Niño, espacio dedicado como es del dominio público a actividades lúdicas para menores.
De lo anterior surgen un sinfín de interrogantes, me permito compartir algunas de ellas:
Está el museo asegurado? Donde y como se encuentra el acervo que no está en exhibición? las piezas en exhibición cuentan con una temperatura adecuada? con cuantos custodios contará el museo? .
Al tener un guion museográfico especifico, ya se capacitó a los guías?, sin interferir en el culto, se incorporara a los recorridos la explicación alusiva a otros puntos como Tercera Orden, los frescos de la nave central, capilla abierta, atrio etcétera?
¿Cuál será el horario y costo del boleto de acceso? Participara en carteleras culturales y noches de museos? ¿Hay una estrategia de difusión? Tiene página web?
¿Se podrán adquirir boletos y visitas privadas en línea? ¿Tienen contempladas actividades privadas, conferencias o conciertos para allegarse de recursos? Habrá venta de “souvenirs” y Tienda del Museo?
¿Se contemplan actividades para niños? ¿Se harán visitas a fin de sensibilizar y dar a conocer el patrimonio a párrocos, seminaristas y personal de las más de 100 parroquias de la Diócesis?
De lo anterior se desprende, que el Museo no es un regalo a la Diócesis sino una importante responsabilidad que entraña una labor ardua al tutelar un acervo y un tesoro que desde el siglo pasado ha sido clasificado como ya se mencionó como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO, también es un legado y motivo de orgullo para todos los morelenses, hago votos porque la Diócesis esté a la altura de su compromiso y que al final del día se supere el riesgo de que se pierda o deteriore lo que tanto costo preservar y recuperar. Que la Diócesis, sea a su vez la más celosa y eficiente guardiana de casi 500 años de historia en Morelos y de uno de los ejemplos vivos más representativos de mestizaje y sincretismo en México









